El libro impreso y sus hermanos

En los siglos anteriores al XX reinó un tipo de libros: aquellos que requerían papel. Por ello, el concepto de libro se ha vinculado a esta clase. Algunos asocian el libro impreso al estado natural del texto. En las últimas décadas han surgido nuevos soportes que permiten otras formas de presentar la información, como el audio usado por el libro hablado o los dispositivos en cuyas pantallas se muestra un libro electrónico o una aplicación. El libro impreso ha dejado de ser el único, aunque no por ello va a desaparecer necesariamente.

Hoy conviven diferentes tipos de libro

Dependiendo de sus características, cada obra se podrá publicar en uno o más formatos, debiendo adaptarse el contenido a cada ámbito. A algunos textos les queda bien tanto ser impresos como digitales y habrá otros que se disfruten más si son libros en papel o electrónicos.

El dominio de un tipo de libro u otro o su especialización se comprobará con el tiempo: tres siglos pasaron entre la creación de la imprenta y la confección del último manuscrito. Pase lo que pase, ningún formato de libro tiene más derecho que otro a existir. Todos son libros de verdad (real books). Si alguna clase desaparece, será probablemente por diversos y complejos motivos sociales y económicos, no por una conspiración atribuible a quién sabe qué.

Diversos tipos de libro: pergamino, papel, electrónico y de audio

Como indican en Licencia Histórica, la digitalización es la tercera revolución en la difusión de la información, tras la escritura y la imprenta. En una época de crisis se espera entre los lectores y autores las reticencias y el pánico, la idealización y la nostalgia (*). Muchos consideran que si aparece un aparato que coincide en bastantes usos con otro anterior, lo acabará reemplazando, pero no será así mientras el más antiguo tenga, al menos, una utilidad única que lo haga necesario. Todavía se pintan cuadros, se encienden cocinas de leña, se envían telegramas… La radio sigue siendo la mejor forma de información y entretenimiento cuando se conduce o se realizan algunas tareas. De hecho, en su momento, los libros de papel fueron como Internet (*).

Las ventajas del libro de papel

Los textos físicos poseen algunas cualidades que no puede presentar un ebook (de la actualidad) y que lo siguen manteniendo en nuestras estanterías de manera mayoritaria. En una obra impresa —fija, finita—, por ahora, el lector se sitúa mejor en su recorrido, lo cual puede que repercuta en la sensación de control sobre el texto y en la facultad para atender, comprender y recordar (bueno, o no…). Por esta y otras razones (pantalla, batería o formateo), parece que todavía se quieren impresos ciertos tipos de escritos, como los manuales, las guías de viaje o los libros de cocina. Alguna que otra obra de ficción también depende de que su estructura formal sea de papel, como la escritura visual (ergódica) de Mark Danielewski. Por su parte, determinados profesores prefieren que los alumnos lleven impreso el material lectivo para evitar perder tiempo localizando un mismo contenido en diversos dispositivos.

Relaciones entre los tipos de libro y nuevas funciones

Es inevitable que los diferentes tipos de libro de hoy evolucionen o que las fronteras entre unos y otros sufran cambios.

Obras a priori vinculadas a lo impreso se han podido adaptar a lo digital (*). Han diseñado una aplicación para intercambiar libros de papel con la gente que tenemos cerca (*). Para que no se olviden en una estantería, se ha inventado el libro impreso que no puede esperar y cuya tinta desaparece a los dos meses de abrirlo (*). Ya están teniendo lugar distintos proyectos que vinculan la tecnología y el libro impreso (*), desde los diversos efectos que puede hacer el smartphone dentro de la obra (*), las gafas holográficas (*) y la realidad aumentada (*) o las librerías en realidad virtual hasta la interactividad desde una mesa (*) o en el propio papel (*), donde se exploran también los hipervínculos (*). Es posible la complementariedad entre el libro digital y el texto tangible (*), así como entre las técnicas de lectura rápida y la escucha (*). También existe una obra que refleja con luces las emociones según se va leyendo y otra que no se abrirá si su portada no capta disposición en la persona que tiene enfrente.

Hay además nuevas formas de narrar, por ejemplo lo que se denomina literatura electrónica. Asimismo, se esperan contenidos para la realidad virtual. Todo podrá variar tanto que, en nada, los robots realizarán muchas de las funciones del ser humano y seguramente habrá ordenadores que escriban textos y los traduzcan a cualquier idioma, si bien su esencia se prevé diferente.

El futuro del libro

Tras estudiar el mercado editorial reciente (EE. UU.) y compararlo con el de la fotografía, audio y vídeo, Thomas Baekdal considera que los diferentes formatos de la actualidad no acaban de extinguirse o irrumpir del todo (y por tanto ciertas cifras de venta no decaen de manera pronunciada), porque “aún no hemos inventado el libro del futuro”, si es que algún día se logra.

En cualquier caso, será fundamental pensar en cómo se conservará y accederá a las obras con el tiempo. Los pergaminos aguantan milenios y papel como mucho 500 años antes de convertirse en polvo. Si predomina el soporte informático, que se digitalicen (casi, casi) todas las obras, pero que haya algún plan contra el oscurantismo, para que el cambio constante de dispositivos y formatos no impida leer un texto.

La transición hacia un nuevo modelo (sea cual sea) acostumbra a ser dramática para los empresarios que no saben encajar o adaptar su producto o servicio a las nuevas circunstancias. Somos libres para decidir no cambiar, pero han de asumirse las consecuencias.

 

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