Los borradores de un libro: proceso y terminología

Antes de empezar a escribir, estaría bien que nos planteáramos si por nuestro tipo de libro es adecuado sacar de nuestra mente todo el manuscrito. Se puede decidir que cada publicación sea un texto con sentido completo (sea único o parte de una serie) o bien el in-progress publishing (redactar el principio y escuchar la opinión de los lectores). De esta segunda forma, a medida que se va creando comunidad, se encauza la idea sin tener que escribirla toda para luego reconducirla. En alguna ocasión (ciertos mercados, públicos, géneros, formatos) es más apropiado publicar por entregas.

En cualquier caso, cuando llegamos al último punto del manuscrito, sabemos que hay unas cuantas cosas que debemos documentar o cambiar seguro para que haya coherencia. Tal vez ciertos elementos evolucionaron de manera diferente a como habíamos previsto en los capítulos iniciales. De acuerdo, primer borrador terminado. Ya hemos expresado qué queremos contar y más o menos cómo. Una estructura poco comprensible para terceros que se conoce como discovery draft o rough draft.

Reescribir

Ahora iniciamos una búsqueda de la armonía que nos llevará el mismo tiempo o quizá más que el haber sacado el texto de nuestra imaginación, pero que, aseguran, será un proceso igual de apasionante. Se nos exigirá decidir constantemente entre lo dictado por nuestros deseos, nuestro yo sensato, nuestra intuición y el criterio de otros.

Un documento en el que con un bolígrafo rojo se ha marcado un párrafo; podría simbolizar uno de los varios borradores de un manuscritoPodemos leerlo todo seguido para tener una impresión general o ya a la caza de chirridos desde la primera oración, como prefiramos. Algunos creen que es mejor una primera lectura total para no pararse en detalles y perder la perspectiva; para ello usan aplicaciones que leen texto en voz alta mientras toman anotaciones aparte, sin cambiar la obra todavía.

Fuera la pereza a reescribir, mover o descartar. Si notamos que algo no está bien explicado, reformulemos para que todo párrafo sea claro. Cuando no está correctamente colocado, pongámoslo en otro lugar. En caso de que no carbure, eliminémoslo sin miramientos (si nos gusta, guardémoslo en un archivo con elementos a los que tenemos cariño, quizá lo acabemos usando al final o en otra creación:). Sería idóneo quedarse con todas las versiones, por si queremos recuperar algún elemento descartado en el pasado. En algún caso puede pasar que en lugar de parchear el manuscrito sintamos que es preciso escribirlo todo otra vez (que no es lo mismo que empezar de cero, pues del primer intento habremos sacado algo en claro, ¿no?:).

Además de encontrarnos equivocaciones increíbles, modificaremos otras cosas como quitar información que sobra (cada palabra debe estar ahí por algo) y añadiremos algo nuevo que da otro aire al contenido. Leer en voz alta ayuda a detectar fallos, sobre todo en diálogos. Cuando la obra está impresa, se identifican más errores: dispongamos un margen amplio para las anotaciones y preparemos bolígrafos o rotuladores con colores que contrasten.

Sea justo tras el primer borrador (draft) o después de nuestra, no sé, tercera lectura, cabría dejar pasar un tiempo, el suficiente para que descansemos del libro. Al volver al texto podremos verlo desde otra perspectiva, casi la de lector: ¿coincide lo que queríamos contar con lo que estamos leyendo? ¿No queríamos ir por ahí y deberemos cambiar casi todo? Probablemente habrá más evoluciones en el escrito hasta que pensemos: “Ahora está bien. Listo”.

Se lo pasaremos, después, a unas cuantas personas para que lo lean y saber qué opinan. Su feedback consistirá en un millón de notas y sugerencias que nos llevarán a más cambios… y muchas dudas. Este es otro punto clave del proceso. De nosotros dependerá dejarlo porque vemos que en realidad nuestro enfoque no vale, rendirnos (por desesperación o pereza), aparcarlo o seguir buscando un buen texto.

Cuando resulte complicado salir de la espiral de revisiones, necesitaremos que alguien nos pare. Debemos intuir cuándo un cambio no mejora el contenido. Releer desde una tableta o un ereader ayudará a que nos planteemos si estamos ultracorrigiendo y tener por fin las manos quietas.

Prayer to the Muse, by Michael Kinn

Please grant me the courage to change the parts I think I can’t
but not the ones I can but shouldn’t,
the wisdom to know the difference
[or at least the sheer dumb luck to get it right]
and judicious insight to pay it forward 

¿Cuándo está el texto terminado?

Decidir que una creación está preparada y enviársela a un agente, presentarla a una editorial o autopublicarla es una gran responsabilidad, pero nuestra decisión. ¿La hemos escrito lo mejor que hemos podido? En caso de no ser así, comencemos otra ronda de tiempo y revisión. Si nos está saturando, tomemos distancia para volver más adelante. En cierto instante nos diremos: “Acabado. Ya es un producto redondo. Si continúo interviniendo lo estropearé (y/o perderé la cordura)”.

Requiere valor admitir que hemos acabado algo, porque así otros pueden juzgarlo y esto nos lleva a sentirnos vulnerables. Todos queremos caer bien y hacer las cosas correctamente, pero nuestra obra solo les va a gustar a algunos por mucho que se perfeccione (así son las cosas), de modo que retrasar el punto final para siempre por miedo a ser mediocre básicamente lo que impide es que nuestra idea sea leída.

Debemos recordar también que nosotros no somos nuestro libro: es una creación elaborada en un momento determinado de nuestra vida a partir de tal pensamiento, nada más y nada menos.

Una vez la idea está fuera de nosotros, escrita, el siguiente paso sería conocer las distintas opciones de publicación y disponer cuál nos conviene más. Esta etapa tampoco será fácil, ni rápida. Necesitaremos confianza, paciencia y contar con el marketing. Preparémonos para llevar nuestro texto a los lectores.

Diferentes clases de borradores

A continuación se describen algunas de las diversas versiones (impresas/digitales) que puede haber de una obra a grandes rasgos:

  • Manuscrito (manuscript): se llama como a los libros medievales escritos a mano a los diferentes borradores (beta readers, editor/es) hasta el definitivo, que revisará un corrector. Mientras el manuscrito es la materia prima, el libro será el producto final.

  • Prueba de imprenta o galerada (galley): se comprueba que no haya fallos en la maquetación y en el texto, por ejemplo, un corrector ortotipográfico.

  • Copia de lectura avanzada o ARC (Advance Reading Copy): se trata de la creación a punto de estar acabada, que se ofrece a las personas a quienes se solicita una crítica y cuyas positivas palabras en ocasiones se incluyen en alguna parte de la obra final.

    • Penguin ha puesto en marcha First to Read, mediante la que facilita copias digitales de libros todavía sin publicar para su lectura, crítica y publicidad en redes sociales.

    • En NetGalley los lectores profesionales (de influencia) que lo soliciten pueden acceder a libros electrónicos subidos antes de su lanzamiento por publicadores de países anglosajones.

  • Dummy edition: en el mundo anglosajón se denomina así a las obras ya finalizadas pero de las que se ofrece solo parte del contenido (primeros capítulos) con el fin de que las usen como muestra los representantes de las editoriales por si las librerías están interesadas en adquirir esos textos de inminente lanzamiento.

  • Libro publicado: tras esta versión puede haber otras posteriores con cambios (un prólogo, adenda), esto es, nuevas ediciones.

Las copias ARC y las dummy suelen ir acompañadas de una hoja A4 que presenta el libro y sus datos fundamentales (How to create an AI sheet).

 

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