Cómo impartir cursos por Internet: vídeos y web

Tres uves dobles escritas en un encerado verde, que podrían simbolizar el hecho de recibir o dar cursos online

Según el formato de los contenidos que uno quiera impartir y en función del nivel de administración, existen diversas opciones para dar cursos online.

Se podrían agrupar las lecciones que se imparten mediante vídeos y, por otro lado, aquellas en las que se proporciona el material sin apoyarse principalmente en clips audiovisuales.

Las clases online consisten en vídeos

Los clips pueden ser en directo o grabados, y de estos a su vez hay varios tipos.

  • Vídeos en directo transmitidos con programas de webcast, de videollamadas (Skype) o de mensajería (Hangouts).

  • Grabados, bien capturas de la pantalla del ordenador (screencast), un pase de diapositivas, animaciones sencillas o el profesor explicando a cámara.

    • Uno puede limitarse a subir los clips a portales de vídeo que permitan monetizar los contenidos, como YouTube. Para ganar algo sustancial, sin embargo, serán necesarias muchas vistas de anuncios por parte de los usuarios, que pueden tener instalado en su navegador un bloqueador de publicidad.

    • Los vídeos pueden venderse como otros productos digitales en una tienda online hospedada en página propia (lo cual implica sus cosillas) o una página creada en un gestor (como Paypal, E-junkie, Shopify…).

    • Los clips podrían subirse a plataformas de aprendizaje en línea que ofrecen el curso como un producto audiovisual al que el usuario accede por un tiempo limitado o permanente. La plataforma especializada se encargaría de todo menos de crear los vídeos, es decir, se ocuparía del alojamiento de los contenidos, software, actualizaciones y seguridad, altas y pagos (pay-per-view, normalmente), streaming… A cambio suelen quedarse con un porcentaje de los beneficios de cada venta. Estas webs disponen de una aplicación para dispositivos móviles. El docente tiene un perfil propio con todos sus cursos. Léanse los términos y condiciones. Atendamos especialmente al pago de impuestos y a quién ostenta los derechos de autor. Antes de publicarlos, alguna se cerciora de si los clips tienen la calidad suficiente.

      • Tutellus (español)

      • Udemy  (inglés, aunque con interfaz en español)

      • MindBites (en inglés; es más genérica)

    En cualquiera de las tres modalidades, para tener un nombre sencillo con el que publicitar los cursos en vídeo, se podría comprar un dominio y que apuntase a la lista de reproducción, página de productos o perfil del profesor. De este modo, si creo un vídeo sobre dónde publicar un ebook y lo subo a Tutellus, por ejemplo, podría enlazar mi página de docente en esta plataforma a un dominio que comprara, como www.comopublicarunebook.com. Con una dirección así, podría imprimir publicidad y comentarle a mis conocidos y cualquier usuario de las redes sociales que pueden encontrar ahí mis explicaciones, además de lograr aparecer en ciertos resultados de búsquedas web.

Las clases online cuyo eje conductor no es necesariamente el vídeo

Las lecciones pueden consistir en un repositorio con diversos documentos e imágenes, ejercicios, exámenes, foros… donde la explicación en vídeo no tiene por qué ser el hilo.

  • Sistema directo: Si se quiere cobrar por los cursos y no simplemente poner gratis la información en una web, primero se insertaría un carrito o tienda online (en página propia o en la de un gestor de productos digitales) y después, en página propia (misma o distinta), se instalaría un sistema de gestión de contenidos para el aprendizaje (LMS) como Moodle o Chamilo. Cuando se selecciona esta vía y las habilidades técnicas y el tiempo del docente son escasos, habría que contratar a un profesional.

  • Sistema con intermediarios: Con una interfaz sencilla, en sitios como Talent LMS o MindFlash el profesor puede crear contenidos variados, evaluarlos y debatir, sea en un subdominio o en un dominio propio. Está concebido sobre todo para empresas que quieren formar a sus empleados, por lo que algunos planes limitan el número de usuarios.

Qué otros aspectos considerar al dar cursos online

Independientemente de la modalidad, cuando se cobra por un curso conviene enterarse de las obligaciones con el Estado. Así, habría que averiguar si a la actividad hay que aplicarle impuestos; por ejemplo, en España cuando los contenidos se encuadran en un plan de estudios oficial su docencia está exenta de IVA. Tengamos en cuenta que cuando a un servicio electrónico se le aplica IVA, el responsable del producto debe cobrárselo al cliente y pagarlo trimestralmente al Estado que corresponda. Sépase que en los países de la Unión Europea el impuesto que se aplica en este tipo de venta es el del país donde alegue residir el comprador y ya no el del vendedor, por lo que vender a personas de varios países implicará declarar diferentes porcentajes a distintos países (para facilitar trámites, hay una ventanilla única en cada país de la Unión Europea).

Por otro lado, en España cuando se gana dinero con una web propia, para cumplir la LSSICE, es preciso preguntar a cada usuario que entra en ella si quiere que se le instalen cookies, así como es necesario identificarse debidamente en un apartado de la web. También, cuando uno gestiona directamente los datos de personas identificables, hay que acatar la LOPD: dar de alta el fichero en la Agencia Española de Protección de Datos y usarlo como se debe.

Cuando los cursos en línea son universitarios o de alta calidad, generalmente gratis y hay una evaluación de los conocimientos, se les llama MOOC (Massive Open Online Courses). Las webs más conocidas son MiríadaX, Coursera (pionera), EdX (MIT), Udacity (Stanford), Khan Academy, Open2Study.

 

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