Las características del libro electrónico en detalle

Un libro electrónico o electronic book > ebook (‘iːbʊk) es el archivo digital de una obra literaria o científica para ser leída en un dispositivo electrónico (móvil, tableta, ereader, ordenador…).

En contraposición al nombre ebook, se está empezando a llamar al libro impreso pbook (< paper book) o abook al audiolibro.

ereader Kobo Glo en cuya pantalla se muestras los ajustes y por tanto algunas características del ebook

Qué es un libro electrónico

Las principales características del ebook son las siguientes:

  • El documento pesa alrededor de un megabyte, como mínimo. El espacio físico lo exige realmente el servidor en el que se almacena el archivo (sea una librería digital o un servicio de suscripción) así como el aparato que se utiliza para su descarga o lectura (el límite de libros que guarda lo marca su capacidad de memoria). Los fondos bibliográficos no precisan, pues, tanto despliegue como en papel, pero sí necesitan estar en alguna parte, lo digital requiere de cierta materia, aunque sea pequeñita y no la veamos.

    • Desde la perspectiva del lector, convendrá el acceso a Internet para tener los libros electrónicos, sea pagando (¿qué precio?) o en una red abierta. La conexión no es indispensable, pues los textos digitales pueden almacenarse y pasarse en soportes como un CD o un pendrive. Sin embargo, la mayoría de textos digitales (publicados) requerirán en algún momento su descarga, bien realizada por uno mismo o por otro usuario que ejerza de proveedor de contenidos.

    • A diferencia del libro impreso, el ebook no tiene un continente predefinido (containerless), si bien cualquier dispositivo que se emplee para leerlo es más caro que una obra en papel, por lo que uno tiene más miedo a que se pierda o lo roben. Al menos existe la posibilidad de que el dispositivo sea resistente al agua, incluso si es un ereader.

      • El ebook huele al dispositivo en el que se abre, esto es, sobre todo plástico o metal. A los nostálgicos a lo mejor les agradaría un aerosol para impregnar sus aparatos con el olor a libro impreso. Otros, tal vez más de los que se piensa, agradecen poder evitar el tacto del papel.

      • El libro electrónico se lee en dispositivos como un reloj inteligente (¿¡!?), un teléfono, una tableta, una computadora, un televisor o un lector electrónico (ereader), lo cual implica tener en cuenta elementos como la energía (carga, duración, recalentamiento) y la pantalla (luminosidad, tipo de tinta, resolución, cansancio visual y sus consecuencias; también la orientación: en algunos aparatos se puede leer en horizontal).

        • Pulsar una pantalla o una tecla, durante un milisegundo, es suficiente para pasar de página. El viento no boicotea la pantalla en la que estamos, aunque sí pueden ser problemáticos otros fenómenos como la lluvia y la arena. No hace falta saliva, ni hay riesgo de corte, pero sí huellas y rayaduras.

        • Los aparatos electrónicos pueden conectarse a otros por ejemplo por Bluetooth (incluso un vibrador…), de modo que las posibilidades al leer pueden multiplicarse.

        • Tener casi siempre a mano un aparato con el que leer en digital ha fomentado el consumo de textos breves o leídos poco a poco, de ahí que vayan surgiendo selecciones electrónicas como Mientras Tanto Leo, de Penguin Random House.

        • ¿Son los libros electrónicos más respetuosos con el medio ambiente?

        • Más sobre los ereaders en relación con las características del ebook:
          • Los aparatos de tinta electrónica (e-ink) muestran cierto efecto fantasma (ghosting) durante un momento cuando se pasa de una página a otra.

          • Cuando se selecciona una palabra en algunos ereaders, como los Kindle, en el menú desplegable se muestra la opción de “informar de un error en el contenido” (errata, formato, imagen, otros).

          • Usar dispositivos específicos para leer libros electrónicos lleva a que alguna gente compre más obras de las que compraba hasta entonces: se tienen miles de textos a unos clics, a precio comúnmente menor y la transacción es más rápida (sin desplazamiento a una librería).

          • El futuro de los ereaders es, como cabe esperar, abierto.

  • Todavía no hay un formato universal que sea legible por cualquier aparato. Los archivos epub y mobi, que son propios de los libros electrónicos y actualmente de los más extendidos, a mayores de la obra albergan información sobre ella (metadatos como título, autor, editor, fecha, idioma o número ISBN), acerca de su forma de presentación (indicaciones CSS), el orden de lectura (spine) y las tablas de contenidos (por un lado, un mapa de navegación accesible permanentemente y, por otro, una página HTML que funciona de índice con diversos enlaces a los apartados).

    • Las características del ebook permiten técnicamente la inserción de elementos multimedia como sonidos, vídeos, modelos tridimensionales o gráficos, si bien, por el momento, estos añadidos se encuentran limitados a unos formatos determinados y unos aparatos concretos. Unos creen que los libros enriquecidos (enhanced ebooks) son el futuro, otros consideran que se trata de un absurdo intento de emular otros productos, tal que el videojuego o las películas. Algunas posibilidades como un mapa, un árbol genealógico o una pieza audiovisual pueden ser aportaciones prácticas, aunque quizá son lo máximo que necesiten la mayor parte de creaciones si deseamos que persista el objetivo de la lectura: imaginación y concentración. En este sentido, una banda sonora sincronizada puede ayudar a la inmersión en el libro.

    • Cuando los libros son primordialmente texto, según el formato existe la posibilidad de que este se pueda adaptar a la pantalla y al gusto del consumidor (reflowable), por ejemplo cambiando la fuente* o el color de fondo. Es customizable.

      *Los ebooks pueden adaptarse al puñado de fuentes por defecto que trae cada dispositivo de lectura o bien incluir su propia fuente. Sobre las complicaciones de lo segundo (que es menos común), traduzco a JW Manus: “Es fácil de hacer, pero un campo de minas. No todos los aparatos aceptan fuentes insertadas, algunas fuentes tienen condiciones de uso muy restrictivas, la licencia de otras puede costar mucho y algunas no están completas (por ejemplo, está disponible la fuente regular, pero no la cursiva o muchos caracteres especiales como rayas o ciertos acentos)”.

      • El concepto de página se circunscribe aquí a cada uno de los pantallazos en que se divide la obra una vez el lector ha determinado el tipo de letra y su tamaño en el caso de los libros no fijos. El usuario se sitúa únicamente en su lectura a través de un porcentaje: “Voy por el 20 %”. En principio la longitud de las obras no se mide en número de hojas, sino en miles de palabras. En este sentido, el libro electrónico es un todo, una especie de rollo digital.

        • Las notas que en papel son a pie de página (footnotes) en ciertos formatos digitales deben ser notas al final (end notes). Y, claro, para hacer referencia al párrafo de un ebook no puede citarse el número de página, sino otros elementos (capítulos y compañía).

        • En el ámbito electrónico no hay que alargar las historias o rellenar con información para que compense la impresión; pueden ocupar lo que necesiten.

        • Quizás en breve los estándares permitan crear y compartir capas de los ebooks (layers), de manera que uno o más usuarios puedan añadir sus anotaciones.
        • En algunos ereaders (como este) y en ciertas aplicaciones quien lee un ebook puede decidir si quiere saber cuánto queda de capítulo o de libro, en cuanto a porcentaje de progreso como a tiempo aproximado. Desconcierto, sorpresa.

        • Cuando el libro está dentro de una pantalla no hace falta recurrir a malabarismos o inventos improvisados cuando se tiene una o las dos manos ocupadas. Las hojas no se pierden.

        • Los marcadores no hacen falta, porque la aplicación o el dispositivo recuerdan en qué página vamos.

        • El entorno digital, por cierto, permite un nuevo sistema de pago de la lectura. Aunque el cobro se realiza por unidad de libro electrónico, no tendría por qué ser así. Hay iniciativas como la aplicación Total BooX que cargan proporcionalmente al lector en función del porcentaje del ebook que haya leído.

      • En cuanto a accesibilidad, los signos lingüísticos pueden ser leídos en alto por software específico (por cualquier aplicación que se prefiera, si así no lo impide un sistema anticopia) y por dispositivos que representan el Braille. Además, en un ebook es posible emplear ciertas tipografías (como OpenDyslexic) o elegir una presentación con pocas líneas en la pantalla puede que facilite la lectura a los disléxicos.

  • ¿Y por qué el texto electrónico intenta emular la lectura física? Algunos se plantean esquivar los límites que se han autoimpuesto los ebooks y centrarse en sus características digitales: escalar, desplazar, pulsar… Varios desarrolladores han propuesto leer las palabras una tras otra, destacando en el punto óptimo de reconocimiento de cada una, con la mirada fija (sin movimiento ocular sacádico), práctica que podría acelerar la lectura. Habría que comprobar, sin embargo, las consecuencias físicas y también cognitivas: ¿en qué medida uno puede imaginar, comprender y asimilar lo que lee? 

  • Resulta más cómodo transportar varias obras de un lugar a otro en comparación con las obras en papel (a no ser que los ebooks estén dentro de un ordenador de sobremesa:).

    • En los sorteos de libros electrónicos, enviar por Internet no les cuesta a autores o editoriales más que la conexión y el tiempo.

  • Este producto está disponible a cualquier hora todos los días del año en las tiendas online, siempre y cuando no se estén aplicando cambios en la web. A pesar de que teóricamente no existen barreras para ellos, pudiendo llegar a todo el mundo (mercado global), será fundamental que la descarga sea de verdad posible desde cualquier parte del planeta (conexión a Internet, compra habilitada para clientes de esa zona) y que, por supuesto, los lectores se enteren de la existencia de la obra, para lo cual hay que trabajar el marketing.

    • A medida que caen las barreras físicas para la lectura, la diversidad del contenido (otras culturas, otras situaciones personales) puede llegar a más público.

    • Algunas librerías intentan agilizar el pago de estos productos, por ejemplo, existen tarjetas físicas para adquirir ebooks como la de Tagus de Casa del Libro, vendida en El Corte Inglés, o tarjetas digitales como el Ebook Pass de la italiana Book Republic, cuyos usuarios disponen de un código con el que realizar las compras sin tener que introducir cada vez los datos de la tarjeta.

    • ¿Camino a un Mercado Digital Único en la Unión Europea?

  • En la mayoría de aplicaciones y aparatos, se puede realizar una búsqueda en el documento y en su diccionario (estándar o confeccionado a medida para la obra), así como copiar, anotar, subrayar o desmarcar texto y compartir lo seleccionado por ejemplo en medios sociales. No obstante, algunos editores o autores emplean tecnologías de control de acceso, como el DRM, que limitan estas acciones y que impide al lector poseer realmente el archivo y transferirlo.

    • La búsqueda (todavía  primitiva) es especialmente útil para los lectores que quieren determinados contenidos en un libro.

    • Para aquellos padres que deseen evitar cierto lenguaje de los libros, hay aplicaciones como Clean Reader que (no sin polémica) pueden filtrar palabras vulgares a los lectores más jóvenes.

    • No se están empleando mucho los índices en los ebooks, a pesar de que podrían ofrecer una riqueza diferente a la simple búsqueda.

    • Algunos dispositivos y aplicaciones memorizan las palabras que se han buscado en el diccionario y se genera una lista de términos para repasar (si uno se acuerda de lo que significan, claro, cosa que pocas veces me pasa ^^’).
  • Conviene saber que las tiendas digitales y las bibliotecas pueden monitorizar las adquisiciones y comportamientos de lectura electrónica. Temas de privacidad aparte, resulta útil saber cuántos y qué tipo de usuarios han terminado o abandonado un libro o cuánto tardaron en leerlo. Existen compañías (Jellybooks, Tekstum) especializadas en tomar tales datos para los publishers con el fin de entender y prever el porqué de los éxitos y fracasos, si bien sus datos hay que tomarlos con pinzas, pues prueban en grupos reducidos, conscientes del análisis y con obras gratis.

    • En algunas plataformas, como Readmill o en Amazon KDP, el publicador puede consultar qué partes de un libro electrónico son más destacadas por los lectores y ver las notas públicas que escriben, aspectos interesantes para autor y editor.

  • Con respecto al préstamo de ebooks, ciertos agentes del sector, con miedo a perder ingresos, no han querido plantearse una solución que se adapte a las características de los productos digitales. Si analizamos la esencia del libro electrónico, ¿hasta qué punto tiene sentido no poder leer un ebook porque otra persona lo está disfrutando? Quienes ven este absurdo están abiertos a nuevas licencias de uso y parece que en consecuencia habría que revisar la remuneración de autores/editores. Por otra parte, como muchos descubren libros nuevos paseando por la biblioteca, ¿por qué esta no va a mostrar la opción de comprar un ebook a través de la biblioteca, regalarlo o donarlo y ganar esta un pequeño porcentaje por ello? Simon & Schuster ha implementado el But It Now opcional en los préstamos de sus libros.

    • La biblioteca pública integral: el préstamo digital

    • Comparativa de lo que les cuesta a algunas bibliotecas de EE. UU. adquirir ciertos libros en papel vs. su ebook.

    • Parece que bastantes usuarios todavía no saben que su biblioteca presta ebooks o, si lo saben, no se han animado a recurrir a esa opción.

    • El movimiento ReadersFirst.org impulsa la usabilidad, accesibilidad y privacidad de los libros digitales. En tales principios se basa Library Simplified, plataforma que han puesto en marcha algunas bibliotecas estadounidenses para simplificar la solicitud de préstamo de un ebook (menos clics) y sin exigencias de acceso a datos personales.

    • Los lectores también tienen algunas comunidades para prestarse mutuamente ebooks, como Lendle para usuarios de Kindle.
  • Se ha patentado algún sistema de reventa de ebooks y revender licencias de software es legal al menos en la Unión Europea. No obstante, un tribunal puntualizó que por ejemplo, hasta nuevo dictamen de entidad superior, la web holandesa de reventa de ebooks Tom Kabinet debe vender libros cuya procedencia legal esté asegurada (es decir, que sean ebooks de su propia tienda). Aconsejo leer este completo artículo en inglés sobre la reventa de obras digitales.

  • El precio de las obras electrónicas dependerá, entre otros costes y consideraciones, del trabajo que requiera el formateo (= crear el libro). Un elaborado ebook de maquetación fija o con muchos componentes multimedia demanda muchas horas y pericia al profesional por lo que puede ser caro o de mayor importe que su equivalente en celulosa, si lo hubiera. Por otro lado, sí parece lógico esperar que sea barato un sencillo texto de trescientas páginas con una o dos imágenes, si bien algunos en lugar de cobrar lo que realmente valen los libros electrónicos más simples ponen una cifra más alta de lo justo con el fin de obtener más beneficios.

    • Tengamos en cuenta que ciertos países (el español incluido) no permiten, por lo general, que una tienda descuente más del 5 % del precio fijado por quien publica un libro (electrónico o no).

    • Determinados usuarios descubren nuevas lecturas en las librerías y bibliotecas para luego adquirirlas en su formato electrónico, lo cual se denomina showrooming. Existe asimismo la vía contraria, el efecto ROPO (research online, purchase off-line), mediante el que los consumidores investigan sobre algo en Internet y después lo compran en tiendas físicas. Es cierto que en ambos supuestos, aunque es difícil de medir, alguien perderá un poco de dinero, pero solo hasta que se discurran formas de ser recompensado por su intermediación. El marketing involuntario no parece justificación suficiente para que los ebooks o libros de papel sean más caros de lo que deberían y sufraguen parte de la inversión en el otro formato.

    • Algunas legislaciones, como lo dispuesto por la Comisión Europea, consideran la lectura online y la venta mediante descarga de estas creaciones como “una prestación de servicios por vía electrónica”, por lo que los ebooks no atados a un soporte físico (como un CD o una memoria USB) son gravados con el correspondiente impuesto (en España un 21 %) y no tal que un bien como un libro de papel (4 %).

      • Parece que lo coherente sería que estuvieran equiparados ambos tipos de productos (como Dinamarca o Bélgica), pues pueden ser obras igualmente culturales y con soporte, no obstante, habría que dejar claro en qué se diferencia un libro electrónico de, por ejemplo, una página web. Por ahora Luxemburgo, Italia (si ISBN), Malta y Francia, con IVA reducido para los ebooks, tendrán que acatar las indicaciones de la Unión Europea, aunque no estén de acuerdo; a ver qué sucede en el resto del mundo.

      • Había esperanza en que la postura de la Unión Europea cambiase a raíz de una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE en la que consideraba que corresponde a los Estados miembros especificar a qué soportes físicos (papel, CD, USB) se aplica el tipo reducido del IVA.

  • No se agotan. Como la cantidad de copias es infinita, una vez se recupera el dinero invertido en la publicación del libro electrónico no hay que gastar en la producción de nuevas tiradas, siendo desde ese momento un ingreso pasivo. Otro tema sería una nueva edición que implicase la contratación de algún profesional.

  • Se puede saber el número exacto de descargas o lecturas en un período.

  • Al ser un documento digital, en principio el ebook es inmortal, no hay un tiempo de exposición y espacio de estantería limitados como le acontece al libro físico —donde sí tiene más relevancia la noción de lanzamiento— ni pierde propiedades con el paso de los años (en principio). Que el libro electrónico no triunfe en sus primeras semanas no impide su éxito posterior. El hecho de que pueda haber textos siempre disponibles, permite que las obras de la backlist de un autor estén al alcance de tres clicks y no dependan de reimpresiones ni esperas de varios días.

  • La distribución es diferente en costes materiales y tiempo. Las editoriales pueden poner su catálogo digital a disposición de librerías y bibliotecas subiéndolo a una distribuidora como Libranda, Odilo, Digital BooksBookwire. Estas y los escritores que autopublican tienen (otras) varias opciones al subir su obra electrónica: su propia web, gestor de descargas, cada tienda o bien un agregador que la repartirá por unas cuantas plataformas.

  • A diferencia de las creaciones impresas para las que cada modificación supone un nuevo proceso de publicación y su consiguiente desembolso, los cambios en los textos electrónicos pueden actualizarse en unas horas en sus plataformas, siendo así piezas más vivas.

  • Cualquier archivo digital puede estar infectado con algún código dañino. Por ello, siempre es recomendable y, en principio, con más garantías de seguridad o solución, descargar o leer los ebooks en una tienda legal.

  • En sus secciones, las librerías digitales no muestran cientos de títulos a la vez como los expositores de sus homólogas físicas, sino una decena como mucho. En el ámbito electrónico, para confeccionar tanto la página principal como las listas y recomendaciones entran en juego numerosos algoritmos en tiempo real (top de ventas, antiguas compras o adquisiciones de otros con similares gustos).

  • Las portadas no están presentes en la vida pública como con los libros impresos: yendo en transporte público, resulta aparentemente más sencillo o sutil averiguar qué obra lee alguien si está impresa (es una forma más de sugerencias de lectura o para saber qué textos están de moda). Tampoco la lectura digital nos permite aparentar que devoramos obras de cientos de páginas o consideradas socialmente para eruditos (a no ser que fabriquemos libros en plan origami:). No obstante, esta característica es una ventaja cuando a uno le da pudor que los demás vean en su mano, bolso o estantería qué está leyendo.

    >> Artículo y comentarios sobre la disparidad de las listas de más vendidos en papel y en ebook

  • Hay ex-libris digitales.

  • Se están desarrollando diferentes herramientas para que podamos obtener un autógrafo digital, aunque siempre queda el recurso de imprimir la portada del libro y pedirle al autor que nos la dedique por detrás.

Si deseamos algo del ebook en papel, se pueden diseñar tarjetones con su portada, sinopsis, códigos QR y otra información y enlaces de descarga o compra. Algunas empresas ofrecen a quienes publican la posibilidad de poner en las estanterías de las librerías físicas estas fichas de textos digitales, para que se paguen en la tienda y luego el lector los descargue en el dispositivo y formato que desee, por ejemplo introduciendo un código (redeem code). Lo han puesto en marcha la compañía canadiense Enthrill, Amazon en algunos de sus establecimientos, la marca española Seebook con sus exlib, Bubok mediante los Paper ebook y Fotolito Books fabrica packs de diseño, más elaborados.

El ebook y sus hermanos

Algunas editoriales y autores parecen creer imposible la coexistencia del libro de papel con el libro electrónico o en formato aplicación para su negocio tal cual lo tienen diseñado, por lo que los ignoran, obstaculizando de este modo que se aprovechen las capacidades del entorno digital. Otras compañías, sin embargo, intentan aprovechar las oportunidades, dejan la versión electrónica más barata si ya se tiene la de papel (BitLit, Kindle MatchBook), incluyen una referencia a la descarga en el libro en papel (reflexión al respecto en este artículo) o hasta envían el archivo digital gratis por email nada más adquirir el físico; sí, algunos se atreven, aunque para otros es desmerecer al letra. Ojalá con el tiempo se planteen dejar más barata la versión impresa para aquellos usuarios que ya han leído el respectivo ebook pues por algunos costes ya se ha pagado (como la corrección de estilo).

El presente y futuro del ebook

En el mercado editorial angloparlante el porcentaje de ebooks con respecto al total de textos vendidos se ha estabilizado tras un lustro de ascenso, representando los libros electrónicos entre la cuarta y quinta parte de las ventas en Estados Unidos y en Reino Unido. En otros mercados, las publicaciones digitales aún se están haciendo hueco: su porción ronda el 5 %, por ejemplo en Europa y en los países de lengua hispana. ¿Los lectores y editores de estos y otros países se acabarán comportando igual que los estadounidenses y británicos y alcanzarán una cuota de mercado similar? En muchos casos, no obstante, de momento son escasos e incompletos los datos de consumo de libros electrónicos.

>> Ocho ejes clave en la edición digital – 2016 (PDF)

>> El futuro del libro en la era digital (incluye situación y proyección en Latinoamérica)

Como razona Piotr Kowalczyk, en el ámbito digital los aparatos y programas con los que se lee no paran de cambiar, por lo que nuestra idea de ebook (así como audiolibro o aplicación) irá modificándose a la par que la tecnología con la que se consuma. Quizá el libro electrónico de hoy es un protoebook.

Por diversos motivos parece que por ahora el ebook se limita a ser un paquetito de páginas web (XHTML, CSS) y no acaba de desplegarse de todo. Mientras esa expansión no llega, ¿adelantarán el software o directamente la web a los dos principales formatos de libro electrónico?

 

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