El origen de la lectura como la conocemos

Cientos de miles de años después de los primeros utensilios y del fuego, la necesidad de expresarnos se convirtió en gestos y más tarde en palabras, nuestra voz. El conocimiento se podría entonces transmitir mejor. El progreso se multiplicó. La creciente curiosidad y nuestra ansia de construcción produjeron hipótesis e historias (ficción sin libros). Habría que esperar otros cuantos miles de años más para que las letras pusieran fin a la Prehistoria y empezasen la escritura y la lectura.

Escribir y leer

Monje escribe manuscritoAl principio, básicamente en palos, piedras o cerámica, los escribas grabarían los primeros apuntes contables (tokens o tarjas) y biografías ensalzadoras. Irían desarrollándose diferentes sistemas de escritura, que podemos resumir a grandes rasgos en logográfico, silábico y alfabético (ese en el que está leyendo este texto).

Durante siglos, las leyendas y las obras dramáticas llegarían a las masas por los relatos orales de expertos como rapsodas, trovadores o actores, cual audiolibro en la plaza.

Además de religiosos y funcionarios, con el tiempo pasarían a descifrar y a crear con tinta manuscritos los nobles, comerciantes y autores. Imagino que en esa época leer implicaba saber las convenciones de caligrafía y también entender la letra del escritor. La mayoría del pueblo sería incapaz de descifrar aquellos garabatos sobre el códice.

Tras la Antigüedad clásica y la Edad Media, en la Modernidad, las clases bajas poco a poco aprenderían a leer y a escribir. La imprenta (siglo XV), decenas de periódicos diarios, la librería, la escuela para todos o la biblioteca del pueblo son más recientes de lo que a menudo pensamos; es posible constatarlo hoy con los recuerdos de los mayores. De hecho, la alfabetización todavía no es universal.

Leer es humano, pero no lo ha sido siempre y evolucionará. Comunicarnos de esta manera, por ocio o por saber, cada vez en más soportes, es un lujo de hace nada.

 

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