Quiero escribir un libro

Tienes una idea única en la mente que puedes contar de una manera singular, la tuya. Depende de ti dejar de aplazar su elaboración, darle al fin forma a tus pensamientos tú mismo o delegar y decidir si compartir el texto. No importa la edad, la cualificación o la personalidad que tengas. No necesitas el permiso de nadie. Revisa esas creencias que te impiden escribir. Si te comprometes, serán indispensables la paciencia, la práctica (deliberada) y el esfuerzo, así como aceptar que se trata de un proceso de mejora sujeto a críticas, en el que debemos mantener nuestra esencia y conseguir una creación significativa para alguien. There is never a wasted word (*).

Un libro abierto, con las hojas en blanco

Publica por los motivos que sea, pero conócelos. El acto de creación ya es un éxito en sí mismo (*). Para muchos son una honra las palabras emocionadas de un fan, cada vez que los citen como autores o ver su texto en las estanterías de su librería preferida. Hay que trabajar mucho, aunque el sacrificio invertido sea casi siempre desproporcionado al impacto (*). 

Quizá puedas obtener ganancias para sacar adelante el siguiente libro, darte un capricho o incluso que escribir pase a ser tu trabajo a jornada completa. Lo más común es que de adquirir relativa popularidad no ocurra con la primera publicación, sino con las siguientes. Algunos, muy pocos, se han vuelto millonarios con sus creaciones.

El éxito como escritor es un juego: suerte es que el trabajo duro y la oportunidad se encuentren (*). Cada autor tiene su estilo y circunstancias particulares, así que copiar los métodos de otros no lleva a los mismos resultados. El beneficio tal vez tendría que ser un plus a la hora de decidir elaborar un libro, pues desde luego hay modos más infalibles y rápidos de ganar dinero. El hipotético triunfo social o económico, por cierto, no te eximiría de mantener la guardia en los diferentes niveles (todo lo contrario). Ah, bueno, y estar en las listas de superventas no quiere decir que quienes han comprado el libro lo hayan terminado de leer o tan siquiera empezado.

Lee y vive. Una obra refleja lo que se ha aprendido y consumido culturalmente, junto con los principios, inquietudes, dolores y esperanzas. The truth shines (*). No obstante, rara vez lo que se desea abordar se circunscribe a lo que se ha experimentado, a aquello que conocemos, por lo que deberás investigar cuanto te sea posible esos temas o formas de ser con los que no estás familiarizado (consultando libros, preguntando a un experto, mirando mapas o calendarios…). Aplícate para configurar un bloque compacto, puesto que el trabajo no se puede fingir, la audiencia lo detecta y tengamos por seguro que lo dirá.

A mayores, bienvenido es cualquier conocimiento —adquirido con la lectura, en congresos o cursos— sobre nuestro idioma, tipos de textos, el mercado editorial, tendencias de lectura o las convenciones del género concreto en que enmarcarás el documento. Como en toda actividad, averigüemos las premisas y las expectativas para luego actuar como queramos, dentro de lo común o probando e innovando.

Si escribes ficción, por ejemplo, asume lo supuestamente básico de toda historia para que funcione en la narrativa con argumento. A partir de una premisa y con un tema de fondo, se crea un universo verosímil de personajes que le importan al público, con sus objetivos y sus razones; probablemente involucrados en alguna coincidencia justificable, deberán salvar obstáculos y resolver conflictos (consigo mismos, las reglas, otra persona y/o una fuerza mayor), normalmente con urgencia y con sus indeseadas consecuencias (stakes). De todo lo que imaginas que ocurre, eliges una parte para relatar en ciertas dosis (jugando con las predicciones e insertando sorpresas), desde tal punto de vista, a través de diversos elementos (acciones, entorno, diálogos naturales) y a determinado ritmo (con tensión y progresando).

Lo fundamental será que sepas qué quieres contar, con qué fin y qué hay de especial en tu forma de contarlo con respecto al resto de libros. Con el tiempo encontrarás tu propia voz.

La calidad de la escritura es un concepto subjetivo, a pesar de que algunos concuerden en calificar algunas obras como alta literatura. Cualquier manera de escribir es efectiva para algo o le gusta a alguien, sea porque entretiene o por su estética. En realidad no existen categorías inferiores o superiores de autores ni de lectores: cada persona tiene sus intereses y sus podios.

Si escribir forma parte de ti, eres escritor, como afición profesión, incluso aunque durante meses o años no escribas por el motivo que sea. Cuando nos tomemos en serio a nosotros mismos como creadores —de artículos, novelas, cuentos…—, lo podremos comentar públicamente con confianza. Claro que siempre habrá quien no nos anime, nos cuestione o menosprecie, en algún caso porque no podemos exigirle otra reacción a un pesimista y en otros porque suena lógico que no nos entienda quien no sabe del tema o nunca ha sentido esa necesidad de componer relatos o hipótesis.

Seguramente tendrás que buscar tiempo para escribir, independientemente de la inspiración (que aparecerá si empiezas a trazar letras). Necesitarás determinación para posponer o renunciar a momentos de tu vida (familia, ocio) para poder avanzar en el manuscrito. En ocasiones, algunos autores dejan pasar ciertas ganancias dedicando horas al texto en vez de a su trabajo oficial.

>>> La teoría de los cuatro fuegos

Habrá bastantes momentos de duda en que te parecerá un contenido horrible y te plantearás olvidarte de ese escrito o incluso borrarlo (sensación que se acentuará cuando otros empiecen a opinar). Si el sentimiento persiste, puedes tomar un descanso —hasta de años— y ponerte con otros proyectos. Quizá deberíamos dar a las ideas una segunda oportunidad, aunque algunas veces sentiremos que hay que dejarlas definitivamente. Esto último no será un fracaso, pues nos sirve de práctica en el oficio, entre otras lecciones.

Para quién escribimos

Si sacas de tu cabeza esa idea que te acompaña es a menudo para que alguien la lea, para aportar al mundo tu perspectiva y dejar huella. Resulta complicado encontrar un término medio entre un texto con nuestra voz y uno que comprendan y aprecien los demás. Cada autor enfocará esta tarea como prefiera, bien imaginando al lector detrás de él desde la primera frase u obviándolo hasta que está listo el borrador. Sea cuando sea, muchos consideran que ha de tenerse en cuenta.

Se cree apropiado conocer al público antes de ponerse a combinar palabras: averiguar cómo son más o menos (edad, procedencia, niveles varios), qué les gusta, dónde lo buscan y qué esperan de un texto en tal género, para lo cual podríamos leer libros similares (mismas categorías). Iremos redefiniendo este target market a medida que se interactúe con los lectores y se obtengan algunos resultados, como estadísticas del sitio web y redes sociales, críticas o ventas. Que conste que no solo adquirirán nuestras producciones aquellos que se ajustan a ese perfil acotado, sino también gente que se desmarca de ese nicho.

Lo ideal sería lograr una comunidad, tener lectores que opinan, inevitablemente encasillan y se implican. Las relaciones que se establecen y lo que se aprende son el verdadero valor y no las transacciones puntuales. Busquemos que, tiempo después, deseen releer nuestro texto. Encontrar nuestro público es una misión lenta y anárquica, en la que deberemos explorar diversos canales.

¿A qué estás esperando?

Como explican muchos autores: hasta que no escribimos algo, no percibimos realmente esa estructura mental ni podemos corregirla (mejorar). Tienes que sacar ese primer (imperfecto) borrador para poder saber sobre lo que trabajas. Empezaremos siendo principiantes, podremos cometer errores, pero al menos lo estaremos intentando.

A lo mejor quieres comenzar practicando tu redacción en un grupo de escritura, al que acudir en persona o en línea. En estos lugares y en otros de la red —foros— podemos aproximarnos al mundo literario siendo lector de prueba del trabajo de otros. Igualmente, es posible mostrar cómo vemos historias ya conocidas del cine, televisión o literatura en sitios de fanfiction.

Existen iniciativas para lograr el impulso necesario. Durante NaNoWriMo (National Novel Writing Month) o sus campamentos miles de personas se comprometen online a escribir. Fijar un plazo ayuda a sacar ese primer esquema. Otros deciden dedicar esas semanas a revisar su borrador.

Persevera, aunque la meta esté lejos e incluso ni la veas, no te dejes intimidar ni abandones porque te parezca difícil (o sí, tampoco pasa nada), pero permanece abierto a oportunidades. 

Por cierto, para no quemarnos, si por fin la escritura ha pasado de afición a profesión, es aconsejable tener otras aficiones, nuevas o recuperadas.

 

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