Si hay que pagar por publicar, no es una editorial tradicional

Hace unos años una conocida me dijo que había enviado un manuscrito a una editorial de la que le había hablado una vecina suya, quien ya había publicado con ese sello. Al poco tiempo, recibió una enfática respuesta afirmativa y ninguna corrección ni edición del texto.

Acordaron determinados puntos en un contrato: en la primera tirada, le mandarían unos 50 libros cuya maquetación ella acabó supervisando y debía dar XXXX euros por los ejemplares, los vendiese o no.

Las primeras semanas tuvo dos o tres presentaciones en ciertos sitios de su elección y un par de copias estarían en las estanterías de algunas tiendas populares. En ese momento no sabíamos lo que era autopublicar en ninguna de sus variantes, aunque en el fondo algo no era como se suponía. ¿Pagar por publicar? Mmm… Con los meses fueron surgiendo problemas con la editorial y, una vez terminó el contrato, no lo renovó.

Cuando no sabes que autopublicas
Dibujo de la aguja de un brújula señalando el noreste

Ella pensaba que había publicado con una editorial, una mala, pero una editorial. Sin embargo, autopublicó con una compañía de publicación por encargo.

Así es. Hay entidades que ofrecen servicios editoriales para quien los quiera contratar (corrección, maquetación, impresión) y su actividad es legítima. No obstante, algunas de ellas no se muestran como tal: usan la palabra editorial en su nombre y se aprovechan de la confusión de los escritores noveles. Se trata de autopublicación encubierta.

Para referirse a quienes realizan estas prácticas, algunos emplean términos como editoriales predadoras o fábricas de autores (author mills). Otros hablan directamente de estafa, timo.

¿He autopublicado?

En la actualidad hay múltiples vías para publicar un libro. Los profesionales y las empresas van ofreciendo servicios nuevos en este mercado en constante cambio (y crisis). Ahora bien, podríamos afirmar que los principales tipos de publicación son las editoriales tradicionales y la autopublicación.

La publicación tradicional no pide que el autor invierta de su bolsillo; de hecho, entre otras características, las editoriales dan adelantos por regalías. El escritor es el proveedor de sus contenidos, pues clientes son los lectores. Por otro lado, en la otra modalidad de publicación principal, el creador de la obra es el responsable de producir su libro cuando autopublica, delegue más o menos tareas en freelancers y entidades varias. En este segundo caso, hay que pagar por publicar porque uno mismo es la editorial.

Acabamos de ver un ejemplo de autopublicación encubierta de una empresa de…, digamos, impresión asistida, pero por su parte algunas editoriales tradicionales (de las que apuestan por el escritor y configuran selectivamente su catálogo) están empezando a ofrecer servicios de publicación por encargo e incluso poseen vanity presses. El autor podría pensar que está publicando con tal sello reconocido, cuando en realidad está autopublicando. Sepamos que, aunque por ahora conozco un caso, sí es posible tener éxito a través de la marca de autopublicación de un gran grupo y que este luego publique el texto en uno de sus sellos tradicionales.

 

Publicar, autopublicar, híbridos u otras modalidades, a cada persona le agradará una opción u otra, según su expectativas y circunstancias, pero hay que identificar las modalidades encubiertas para que no nos engañen y tracemos el camino que en realidad pretendemos. Para ello, es fundamental tener información y comparar.

 

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