¿Qué tipos de oposiciones hay?

Las personas con vocación de servicio público pueden optar a un puesto fijo como funcionario si demuestran a la administración pública suficientes conocimientos y, en ocasiones, méritos.

De qué se trabajará

Con respecto al sector, la plaza se puede encuadrar dentro de la administración general o bien en uno más concreto, como salud, educación, servicios sociales, relaciones internacionales, hacienda, justicia o seguridad (esta incluye medioambiente, instituciones penitenciarias o fuerzas armadas).

Desde una perspectiva amplia, las labores principales más comunes son mantenimiento, vigilancia, ejecución, gestión o inspección.

Para saber exactamente qué se hace en un puesto determinado en su día a día, es cuestión de buscar en Internet las tareas de ese perfil en concreto; por ejemplo, a esto se dedica un administrativo C1 de la Xunta de Galicia. También algunos funcionarios cuentan su experiencia en la red. Es decir, especifican si están cara al público, qué hacen con la documentación (archivar, entregar, redactar) o si coordinan el trabajo de otros. El contenido concreto con el que se trabaja puede ser muy diverso, desde aduanas hasta astronomía.

En qué ciudad se trabajará

En cuanto al ámbito geográfico, hay vacantes a nivel local (municipio, isla, diputación), inter/provincial (tal que algunas universidades públicas), regional, estatal (como bibliotecas y archivos) o supranacional (la Unión Europea). Ciertas entidades públicas, como la Seguridad Social, el SEPE, AENA, Correos o Adif tienen vacantes en diferentes ciudades del país.

Cuando se convocan procesos para una Comunidad Autónoma o todo el país, no se sabe de antemano dónde tocará la plaza. Es la posición en la lista de aprobados la que determina cuántas opciones quedarán cuando nos toque elegir: si hay 20 plazas y has sacado la tercera mejor nota final, podrás elegir entre los 18 destinos que queden en la lista cuando sea el momento de aplicar tus preferencias. Esto puede variar según el sector. Y que conste que el primer destino no siempre es definitivo y los funcionarios siempre tienen la posibilidad de pedir un cambio cada determinado tiempo.

Para una sola profesión puede haber oportunidades en diferentes ámbitos y organismos. Por ejemplo, tanto universidades como ayuntamientos, comunidades o Estado gestionan museos, así que todas estas instituciones en cierto momento buscarán empleados públicos para eso. Por cierto, la coincidencia del temario con el de otras oposiciones, parecidas, permite presentarse a convocatorias diferentes sacándoles más partido a las mismas horas de estudio.

Qué se evalúa en una oposición

En la convocatoria se detallan los ejercicios y sus tiempos, así como se adjunta una lista de epígrafes de los contenidos (un programa sin desarrollar). El temario teórico frecuentemente consiste en diversas leyes en vigor, que no siempre están recopiladas en un solo documento publicado en abierto. Los exámenes de otros años sí acostumbran a estar disponibles, por lo que sirven para hacerse una idea y practicar.

Los tipos de examen varían según las labores propias del puesto: test psicológico o de contenidos, tema para desarrollar, supuestos prácticos teóricos, pruebas prácticas de ofimática, pruebas físicas… Se establece un límite de tiempo y requisitos como un mínimo de aciertos. A veces, la exposición es oral y no escrita. Algunos puestos implican redactar un trabajo extenso, por ejemplo, los profesores preparan la programación didáctica para un hipotético curso escolar y deben presentarla ante el tribunal.

Quién se puede presentar

El acceso a las plazas puede ser de ingreso libre (para cualquier aspirante) o de promoción interna (solo para quienes ya son parte de esa administración). Ambas clases acostumbran a reservar un cupo para personas con discapacidad.

La forma de competir por un puesto es el concurso (se valoran lo estudiado y trabajado), la oposición (se consideran solo los exámenes que se hagan) o el concurso-oposición (incluye los dos anteriores: se evalúa la formación, la experiencia y las pruebas).

Normalmente, para ser funcionario de carrera hay que aprobar una oposición (o concurso-oposición) y, además, obtener una plaza. Aunque con la nota final no se consiga una plaza, se puede formar parte de una lista de interinos de la que van llamando para sustituir a funcionarios de carrera. Si el proceso de selección consiste solo en concurso, se trataría de otras figuras laborales, no permanentes (se abren listas).

Con relación al nivel de estudios y remuneración, en España existen al menos estos grandes grupos: A (formación universitaria), C (instituto) y subalternos. Podemos presentarnos a categorías inferiores a nuestra preparación, con sus pros y contras.

Cuándo se convocan oposiciones

Las instituciones buscan candidatos cuando hacen falta (sin regularidad) o con determinada periodicidad, como cada año o dos años. Depende de la entidad y el tipo de puesto. Una oferta de empleo público (OEP) es un documento en que la administración se compromete a convocar determinadas plazas en los siguientes meses. Por ejemplo, cierta institución podría confirmar en octubre que habrá convocatoria de 20 plazas el año que viene; efectivamente en abril saca en el boletín oficial las bases de la convocatoria para apuntarse y la primera prueba se fija para julio. A menudo lo recomendable es empezar a estudiar cuando sale la OEP, como muy tarde.

El número de inscritos se comparte públicamente, así que se puede calcular para qué puestos se reciben más solicitudes. Eso sí, apuntado no quiere decir estudiante ni tampoco presentado. Buscando los datos de previas convocatorias, el histórico, se puede concluir cuándo de verdad se están convocando más plazas de lo habitual, cuáles están más concurridas o qué puestos comparten mucho temario.

Estos procesos selectivos pueden ser muy largos y pasar meses o incluso años entre la lista de aprobados y la toma de posesión como funcionario.

Cómo preparar una oposición

Lote de cinco libros uno encima de otro

Para estudiar el temario, está la opción de invertir tiempo en compilar y procesar la información uno mismo (descargarse las distintas leyes) o bien confiar en el material de otros. En este segundo caso, habría que cerciorarse de que el archivo se adecua a esa convocatoria (¿actualizado?) y, ya de paso, que aporta un valor a mayores, como explicaciones que permitan entender mejor (introducción, evolución histórica, comparación…).

Para ayudar en el estudio, los institutos o escuelas de administración pública a veces publican el temario, como hace el INAP. También están los preparadores independientes y academias. De estos tiene sentido verificar que están especializados en la materia y averiguar su tasa de aprobados. Estar de algún modo en contacto con otros aspirantes a plaza puede ayudar.


Y, por supuesto, además del tipo de trabajo y evaluación, conviene valorar qué se nos da bien o qué nos interesa aprender (porque hay que estudiar mucho…).

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