Cómo es trabajar a distancia (desde el extranjero)

Vas todos los días a una oficina y te gustaría empezar a trabajar en remoto dentro de poco. Tu empresa posiblemente permita ese cambio, así que buscas algunas recomendaciones para que durante la transición y el día a día haya más mejoras que obstáculos. Además, si pasar de una modalidad de empleo a otro implica también un traslado a otro país, te vendría bien una visión sobre qué tener en cuenta.

Casa y ordenador

En este artículo he recopilado mis percepciones tras unos meses trabajando desde casa para una compañía que no tenía a nadie del equipo aún en esa situación, aunque sí contrataban freelancers. Escribiré por qué no debemos sentirnos culpables por querer el cambio, qué considerar antes de migrar a la otra clase de empleo, los aspectos prácticos y emocionales de los primeros meses en remoto, puntos que plantearse si se está entre dos sistemas fiscales diferentes y algún detalle más.

Contenidos

El teletrabajo en pocas palabras

Hay cuatro reflexiones que me gustaría compartir ya con respecto al trabajo en remoto, nosotros, los compañeros y la empresa.

  • Teletrabajo solo significa que no vamos a la oficina, nada más. No soluciona problemas per se. Los programas, costumbres y otros patrones de comportamiento no van a cambiar a no ser que nos lo propongamos; e incluso queriendo, algunas cosas permanecerán como están, especialmente si no depende de nosotros, así que deberemos tenerlo muy presente.
  • En este sentido, trabajar en remoto obliga a mantener una organización y comunicación correctas, lo cual es deseable ya cuando se está en la oficina, aunque no indispensable. En estos casos el empleo no presencial puede ayudar al conjunto a ser mejor.
  • Tendríamos que ser sinceros con nosotros mismos y saber por qué queremos trabajar a distancia y qué sacrificios estamos dispuestos a asumir, porque por momentos no será fácil.
  • Debemos ser comprensivos con nuestros compañeros y hacerles lo más fácil posible sus conversaciones con nosotros, ellos no han elegido cambiar su forma de trabajar. Ahora bien, tampoco nos sintamos mal si tienen que hacer alguna tarea que antes solíamos hacer nosotros porque estábamos allí; quizá esa tarea no nos correspondió nunca oficialmente o desde el cambio corresponderá a otro. Los roles evolucionan.

Libros sobre trabajar a distancia

Aunque abordaré algunos pros y contras de cada modalidad o en cómo la jornada se puede ver afectada, se han escrito obras que desarrollan eso a fondo y mejor.

  • La semana laboral de 4 horas ( * ) de T. Ferriss si queréis más argumentos a favor del trabajo no presencial, sobre todo para convencer a vuestro empleador de que os gustaría pasar progresivamente a trabajar a distancia, cuenta estrategias interesantes sobre cómo plantearlo. Además, describe otras acciones que pueden ayudar a empezar una idea empresarial que funcione sin que se le tengan que dedicar muchas horas después de los inicios o ejemplos de la tecnología que permite estar disponible siendo nómada digital.
  • En las ventajas del trabajo lejos de la oficina incide Remoto ( * ), de J. Fried y D. Heinemeier, fundamentalmente desde el punto de vista del empresario.
  • Por su parte, con respecto a los beneficios del tiempo para concentrarse y los peligros de la open office, Deep Work ( * ) de C. Newport es más que recomendable. En esta línea, el vídeo de Goal Guys es bastante valioso.

Dos modalidades: trabajo presencial vs. trabajo remoto

Gracias al desarrollo de las comunicaciones y la informática, ciertos trabajos hoy pueden realizarse a distancia, ya que muchas tareas suceden en el entorno digital. De hecho hay compañías asíncronas (async) desde su fundación, ya concebidas para que todos sus empleados trabajen en remoto (remote work), algunas preparadas para coordinarse en diferentes husos horarios y una persona que se encarga de que los procesos vayan bien (Head of [Remote] Operations).

Sin embargo, hasta finales del siglo XX la mayoría de los puestos eran presenciales, por lo que muchas empresas aún hoy creen que esta es la mejor modalidad de empleo en cualquier caso. Se da incluso el fenómeno que en España llamamos presentismo laboral, es decir, ocupar una silla pero no necesariamente ser productivo. Desde tal perspectiva, desviarse de esta tipología para trabajar desde casa se considera una concesión magnánima a trabajadores sobresalientes o en circunstancias excepcionales.

Fuera del ámbito digital y freelance creativo, el teletrabajo no debería reducirse a los empleados que tienen personas a su cargo en su vida personal o por motivos puntuales como un esguince o una gran tormenta. Si una empresa puede adaptarse durante un tiempo en estas situaciones, también es factible en cualquier otra, ¿no?

El teletrabajo en perspectiva

Decidimos contribuir libremente a una empresa y por ello nos recompensan con dinero. En principio nadie nos está haciendo un favor por esto ni por determinar de qué forma queremos aportar al conjunto.

No idealicemos a los empleadores pero tampoco el teletrabajo. Ninguna de las dos amplias modalidades que hay es mejor que la otra en sí misma, dependerá del punto de vista y qué se valora (dinero, tiempo, calidad de vida, objetivos a largo plazo). En cualquier caso, parece lógico que podamos elegir cuál nos permite sentirnos mejor y, si hace falta, será posible rectificar si nos equivocamos. Y no es una dicotomía, pues se puede trabajar en una modalidad mixta, por ejemplo presencial tres días a la semana y desde casa los otros dos.

De hecho, antes de plantear oficialmente la posibilidad de trabajar a distancia, parece sensato probar al menos un día a ver qué sensaciones se tienen. En mi caso, después de unas Navidades, pregunté si podía trabajar desde casa entre Año Nuevo y Reyes, dos días laborables. Un tiempo después se implementó el día remoto para algunos del equipo, así que varios jueves trabajaba fuera de la oficina. En ambos casos saqué unas primeras conclusiones muy reveladoras sobre en qué no estaba preparada todavía o cómo afrontar mejor esa forma de trabajo.

Qué tipo de trabajo necesitas

Cada persona tiene sus razones para elegir modalidad presencial o a distancia. Ambas tienen ventajas e inconvenientes más o menos equiparables, así que la decisión tiene que estar basada en algo único que la otra forma no puede darnos en cierto momento. Podemos entrevistarnos a nosotros mismos y/o hacer una lista que cubra los temas principales para llegar a la raíz de esa voluntad de cambio. Quizá las respuestas que nos demos no serán las verdaderas; el tiempo dirá.

¿Cómo afecta esa modalidad a…?

  • la conciliación, que estés cerca de la gente que más te importa.
  • tu salud, que haya más riesgo de que te descuides, quemes o aísles.
  • la residencia, que estés en la parte del mundo que quieres.
  • la vivienda, que puedas alojarte como prefieres.
  • el desplazamiento, que tengas que pasar más o menos en transporte.
  • los gastos, que haya que invertir más solo por elegir esa opción.
  • la jornada, que tu concentración se vea afectada.
  • tu puesto, que tu posición en la empresa empeore o mejore.
  • tu carrera, que tu aprendizaje se ralentice o acelere.
  • el ambiente laboral, que te sientas o no parte del equipo.
  • tu tiempo libre, que las opciones estén condicionadas.
  • medioambiente, que vaya a haber mayor impacto en el entorno.

Varios puntos tienen su parte positiva y negativa en cada modalidad. Así, mientras que en la oficina los compañeros están a un vocativo en caso de duda, esto tiene la contrapartida de que los cortes en el flujo de concentración son la norma si no tienes despacho y no hay política para medir las interrupciones. Por otro lado, a quien quiera concentrarse estando fuera le basta con impedir la recepción de señal, aunque precisamente esa imposibilidad de comunicarse en persona puede dificultar estar al día, ya que se depende de que los demás nos transmitan la información por unas vías muy concretas.

Pongámonos en situación y veamos qué inconvenientes puede haber. Aunque trabajando desde casa nos vayamos a ahorrar dos horas en transporte cada día al no tener que ir a la oficina, yo por ejemplo necesité dos días de avión y tren para ir y volver cada determinadas semanas. Y resulta que las combinaciones son a veces indignantes si no vives en ciudades importantes, viajar cansa y la cobertura de datos yendo en tren es inexistente en muchos tramos (si no te conectas al Wifi que ofrecen en el transporte). Asimismo, son mi responsabilidad alimentar el equipo con una conexión buena y segura, no dejar que un amable empleado de hotel deje caer el maletín del portátil al suelo dañando ligeramente la pantalla o demostrar que mi esfuerzo y la relevancia de mis tareas son iguales independientemente de mi ubicación.

Al teletrabajar solo cambias el lugar

De todas formas, hay que saber bien que el trabajo a distancia no significa horario flexible. Lo conllevará si así se acuerda con la empresa, pero en principio se espera que se trabaje a las mismas horas.

De igual modo, no hará que todo vaya como la seda automáticamente, o lo contrario. Todo aquello que pueda seguir igual seguirá igual y lo que sea distinto tendremos que estudiarlo nosotros personalmente para ver cómo puede traducirse a términos remotos de una manera sencilla. Por tanto, de entre las causas de las horas extra, es poco probable que la localización sea una, así que desafortunadamente trabajar desde casa no va a hacer que terminemos a nuestra hora por arte de magia, es más, puede que lo empeore.

Lo esencial es saber el porqué y aceptar lo que implique. A veces puede ser que necesites un cambio sin más y es una razón perfectamente válida (pero viajar no es un atajo a la felicidad). O puede que quieras huir de una open office, lo cual es lícito, si bien solo una potencial mejora si la persona puede trabajar sola, y quizá con pedir un cubículo o despacho bastaría.

Enfatizo que solo cambiamos de lugar de trabajo para que asumamos que depende de nosotros tomar más decisiones después de esta para que otros elementos laborales y de nuestra vida evolucionen luego. Sin embargo, no querría quitar mérito ni ilusión a esa etapa de cambio de modalidad, que puede ser un punto de inflexión muy positivo.

Por qué yo quería trabajar a distancia

Tras algo más de un año en una empresa fuera de mi país el jefe me planteó la posibilidad de que si algún día quería regresar podía seguir con mi puesto, porque solo necesitaba algunos dispositivos electrónicos portátiles y conexión. Mientras otros compañeros tenían otras metas, como imagino que reducir su jornada laboral o ver crecer su remuneración, mi plan a corto plazo consistía en poder seguir ejerciendo mi rol sin tener que ir a la oficina todos los días, sino solo cada ciertas semanas. En determinado momento propuse que el cambio se produjese en dos meses.

En mi caso yo me di varios motivos. Que quería vivir en un sitio concreto (o al menos ya no donde estaba), en un tipo de alojamiento determinado que no era en el que me encontraba, a como mucho 15 minutos andando de un despacho para mí, donde pudiera cocinar a mediodía y con cierta flexibilidad de horario. También contemplé el riesgo de que menos contacto con gente conllevase menos socialización, por eso no descartaba actividades extralaborales. Concluí que era la modalidad que necesitaba para la siguiente fase de mi vida. Me daría unas ventajas que harían que los quizá no tan evidentes costes valiesen la pena. ¿Era cierto? Prefiero reservarme la respuesta aunque quizá se esté dejando ver sin pretenderlo.

Creo que la razón no se debería calcular en términos monetarios exclusivamente, si puede ser. Es decir, para mí el trabajo a distancia no es una cuestión de que vayas ahorrarte 80 euros en el abono de transporte o en gastos anuales en tu vehículo. El valor de nuestro tiempo es incalculable.

La migración al teletrabajo

En una empresa totalmente en oficina, que una persona decida pasar a trabajar en remoto afectará a los compañeros. Probablemente cuando fueron contratados nadie les preguntó si estarían dispuestos a facilitar el trabajo a compañeros a distancia, por lo que hay que ser comprensivos y agradecidos con quienes se adaptan y entender a los que no.

Resumiría el proceso de preparación para empezar a trabajar a distancia en cuatro bloques:

  1. Definir muy bien qué tareas desempeña cada uno, para que nada se pierda.
  2. Analizar qué cambiar para que no sea necesario que quien se va esté presente.
  3. Implementar y testear que técnicamente es posible.
  4. Mirar desde dónde vas a trabajar.

Las cosas que hay que dejar listas antes de irse podrían clasificarse en:

  • las que dependen de ti,
  • las que tienen que hacer los demás
  • y sobre las que habría que hablar.

Habría que asegurarse de que (a) hay reparto claro de tareas, (b) siempre una confirmación de que se ha recibido una asignación de tarea y (c) una mínima comunicación para acordar plazos, pues de no ser así el salto al trabajo a distancia puede alterar el funcionamiento de la empresa. Aquello que no se asigna quedará sin hacer o lo hace una persona que dejará de hacer otras tareas.

Lo que a nosotros nos habría venido bien es haber tenido un método para que todos viésemos el reparto de tareas y no hubiera habido la duda de quién va a hacer qué. Habríamos ahorrado muchos correos y tentativas de distribución.

Después, si alguna información está solo en tu mente o de tus compañeros, ordenador o en tu documentación, se puede poner al alcance de todos con explicaciones, manuales y otras soluciones. De forma equivalente, se pueden escanear archivos que no puedes ver si no estás allí.

Lo ideal es que, con el cambio, el equipo en conjunto no necesite dedicar más tiempo al trabajo, es decir, de modificarse tareas, que sea por eliminarse o reducirse. No obstante, si hay que crear alguna tarea nueva, no tendrá gran impacto siempre y cuando al comparar no se esté invirtiendo más tiempo que antes de la migración.

Comunicados en la distancia

En caso de que tengan que contactarte cuando no estés, que tengan prácticamente enfrente ese número de teléfono o equivalente. Mis compañeros los primeros días no me llamaban a pesar de que les había enviado dos emails breves con mi nuevo número, que también estaba en mi firma de correo. Una compañera tuvo la buena idea de imprimir cartelitos con esos datos pegándolos en sitios estratégicos (hasta puso uno en mi silla vacía) y las llamadas empezaron.

En cuanto a software, hay que ser realista y no depender de programas u otros que solo se usarán para hablar contigo. Nuestros compañeros no los utilizarán más de una vez o quizá ni siquiera lo descarguen. Si nadie lleva cascos a la oficina, es improbable que vayan a elegir la opción videoconferencia antes que simplemente llamar por Whatsapp.

Se puede investigar si los programas que la empresa ya está usando o que los demás utilizan en su esfera personal tienen funcionalidades interesantes, aunque para mí es mejor tener separado el trabajo de lo demás. Pocos aprovechan al máximo las posibilidades del cliente de correo o el ERP / CRM de la empresa y es probable que ya ofrezcan la opción de documentos editables en línea, chatear, videollamada o cualquier otra funcionalidad que juzguemos útil. Y cuando no, podemos proponer soluciones que sean un enlace y un click.

Conviene hacer pruebas antes de irse. En mi caso los archivos comunes se guardaban en un servidor, así que hubo que configurar la conexión a los discos duros (cuyo nombre, por cierto, ha de ser la dirección IP).

Parece aconsejable tener un plan B para todo, por si algo técnico no funciona un día: no hay Internet, no hay saldo, no sabes la clave…

Cómo y desde dónde trabajar

Un despacho tiene un efecto disuasorio en cuanto a interrupciones, sea en una oficina, un coworking, en casa o una sala privada de biblioteca. Otra gente disfruta del ambiente de una cafetería.Lo mejor para todo y todos es tomarse un descanso de vez en cuando, estés donde estés y de la manera que prefieras. Consejos vendo, que para mí no tengo.

Libros de diferentes colores dispuestos como en una estantería

¿Tienes un momento?

Lo esencial es que las personas alrededor sepan o no si te pueden consultar en determinados momentos u horas. Se pueden marcar límites desde el principio para que la gente lo asuma de manera natural, a poder ser sin que nadie se lo tome a mal.

Uno de los motivos por los que algunas personas usan auriculares es para transmitir a los demás que quizá no es el momento más adecuado para hablar. Sin embargo, confiar en la deferencia de quienes nos rodean es una estrategia pasiva que puede fallar muy a menudo, sobre todo en ciertas culturas.

Lo más fiable sería informar al mundo de una manera activa e irrevocable de que solo se te puede contactar en determinados casos e instantes. Si en varios países todos sabemos que hay que pedir cita en la peluquería, es viable aprender esto.

Una de las cosas que se pueden hacer para los demás sepan cuándo interactuar mientras trabajas es responder a una pregunta planteando si ese asunto puede esperar hasta tu siguiente descanso; a continuación, indicas que acostumbras a descansar a tal hora. Por ejemplo, estás haciendo una tarea y salta una notificación del chat porque un compañero necesita resolver algo que no es súper urgente. “Mira, es que ahora debería acabar esto. ¿Podemos hablar a la 1? Siempre suelo parar un rato a esa hora”. De esa forma, a partir de entonces, esa persona solo te contactará entre intervalos si el tema realmente no puede esperar. Lo mismo se podría aplicar a alguien que en la biblioteca o coworking te pregunta algo. Esta es la teoría, claro, otra cosa es que nos atrevamos a llevarla a la práctica.

También se podría poner un rótulo que indique que no se te puede molestar: desde una carcasa de portátil a un respaldo de la silla o un semáforo.

También puedes informar a tu gente cercana de que cuando trabajas tienes el móvil en silencio, aunque al lado. Si hay algo que requiere tu atención inmediata, te llamarán, la pantalla se iluminará y lo verás. Leí/escuché una vez que entre los criterios que se pueden definir para identificar qué temas son urgentes uno sería considerar así a aquel asunto que cambie tus planes de las próximas horas o días.

Trabajar desde un coworking

Los espacios de trabajo compartido son una de las principales opciones para trabajar en remoto.

Cada vez hay más, distribuidos por cada región, con más o menos luz natural, comodidad o idoneidad de ubicación. No pensemos que están todos en ciudades, existe el coworking rural, a menudo vinculado a reactivar zonas que pierden población o a gente que quiere volver a conectar con la naturaleza, otras culturas u otro ritmo de vida.

  • Obligan a salir de casa cada día.
  • Permiten separar claramente la vida personal de la laboral.
  • Disponen de ciertos servicios que no son posibles en otros casos, como sala de reuniones, dirección en edificio no residencia (aunque no siempre) o fax.
  • Fomenta socializar y participar en talleres u otras sesiones profesionales de interés.

Eso sí, hay que pagar por ellos, sea un bono de ciertos usos (por ejemplo diez días sueltos, medios o enteros) o una tarifa mensual / anual.

Trabajar desde casa

Ordenador de sobremesa

Si la base de operaciones se establece en el hogar (work from home), en cuanto a aparatos y material, lo suyo es tener diferentes dispositivos para trabajo y vida personal, pero también estaría bien crear una sesión para cada uno dentro del mismo ordenador, por ejemplo.Yo en los primeros días me di cuenta de que si te vistes a primera hora tienes una mejor actitud y te sientes mejor, además de ser más conveniente en varios sentidos prácticos.

Propondría que cada uno compruebe cómo se siente al afrontar la primera semana de diversas maneras:

  1. Estate en pijama (esto no hace falta que lo diga yo:).
  2. Ponte ropa de andar por casa.
  3. Vístete a primera hora como para salir a la calle.
  4. Prepárate mucho (ducharse, lavarse el pelo) y vístete.
  5. Haz aquello de lo anterior con lo que te hayas sentido mejor.

Y, bueno, a veces habrá circunstancias. Si no te encuentras muy bien, pues quizá la rutina se rompa.

Cuando tengas una reunión a distancia o larga conversación teléfonica, parece aconsejable “entrar mentalmente en la sala” para cambiar el chip.

Mis primeros tres meses trabajando a distancia

Los últimos días antes de irme fui diciéndoles a cada uno, de manera inconexa y muy breve que tendrían que hacer tal o cual cosa ya que yo no estaba. Aparentemente al azar, pero más bien para que lo pudieran asimilar a lo largo de varios días en vez de darles una lista con una enumeración que quizá olvidarían.

Primera semana de teletrabajo

En mi caso, al principio y para mi sorpresa, los compañeros eran un poco reacios hasta a mandarme un email superbreve, el equivalente a comentarte algo de escritorio a escritorio. Les pedí que por favor se comunicaran conmigo; como no estaba allí no podía enterarme de cosas a no ser que me las dijeran. Y poco a poco fueron contactando más. Para asuntos algo enrevesados de explicar me mandaron algún mensaje de “llámame”, para que aclarásemos mejor.

No me esperaba tampoco que los primeros días hubiese incertidumbre entre el equipo porque no sabían si yo estaba haciendo ciertas tareas, que hacía siempre, pero al no estar yo allí debían de tener la sensación de que me había ido de vacaciones o para siempre.

Empecé a tener algo más de tiempo para proyectos pendientes pero actué con cautela al comienzo y no quise que se notara mucho para que no pensasen que estaba desatendiendo otras cosas.

Agenda abierta, lápiz, reloj

Sí es cierto que se me pasó alguna cosa los primeros días. Podría haberme pasado igual en el oficina pero al estar habría oído comentarios sobre ese tema entonces ese refuerzo puede que hubiera evitado el descuido. La organización se pone a prueba y te obliga a mejorar.

Quizá donde ha habido un despiste los demás vean el caos… Pero solo se puede apagar este fuego trabajando mejor. Hay que entender que la persona de recursos humanos tendrá la presión de todos para asegurarse de que todo funciona bien y querrá atajar cualquier posible problema al comienzo.

No hay tantas interrupciones ni ruido pero no estás allí y te obliga a concentrarte de otra manera y pone a prueba tu habilidad para priorizar en un ambiente de calma.

Looking forward to your reply

La comunicación creo que es uno de los grandes retos. Lanzas tu mensaje en la botella pero no sabes cuándo se leerá ni procesará. Envías tu energía y tú solo ves la pared hasta que hay respuesta.

Los demás no tienen por qué saber detalles que tú estás viviendo ni intentar ser objetivos. Ellos miran por hacer su trabajo bien y fácil, como todo el mundo.

Es complicado saber el tono de un correo electrónico. La falta de contexto es traicionera. Lo bueno de estar a solas es poder desahogarse libremente, aunque sea una interjección o una conversación con una misma. No nos tememos a la tremenda algo que casi con seguridad es inofensivo. Me parece buena filosofía esperar unas horas para relativizar antes de responder. Hubo un caso concreto en que creo que tres personas nos llegamos a sentir incómodas por un malentendido en una tarea sin excesiva importancia que se resolvió bien.

¿Cómo le dices a alguien (que debe de recibir cien correos cada 10 minutos) que necesitas que responda a los poquísimos correos que le mandas porque si no no puedes avanzar? Yo a esa persona le intentaba mandar todos los correos al mismo tiempo para que así tuviera unos minutos de responder a todas mis dudas.

Planear qué información se necesita para evitar atascos y reclamaciones urgentes parece buena idea. En este sentido, habría que encontrar un equilibrio entre ese interrumpir constante a compañeros y perder demasiado tiempo intentando encontrar la solución uno mismo por no pedir ayuda. En general es provechoso compilar todos los asuntos que comentar y luego irlos planteando en la misma conversación.

Qué está pasando en la oficina

Según el equipo con el que trabajéis estaréis más o menos informados. En ocasiones los compañeros no contactarán y es posible que en otras llamen para obtener datos que están disponibles en el sistema. Puede que no se te cuenten ciertos asuntos importantes pero sí te pregunten varias personas diferentes sobre algo pequeñito de lo que además ya informaste. Misterios del ser humano.

No te tienen presente, porque no estás y supongo que es lógico; no pueden empatizar a cientos de kilómetros o saber tus necesidades por telepatía. Para ti algo puede ser urgente, pero ellos no lo ven así y pueden tardar por ejemplo cuatro días en solucionar aquello que necesitabas, aunque “caiga de cajón” que era importante. No nos sorprendamos si no nos avisan con mucho tiempo (el mismo día) para cubrir cierta tarea porque alguien no está o si el correo no funciona y los informáticos están en ello.

La sensación cambia en cuanto a dar información. Si yo estuviese en la oficina podría oír ciertas cosas y le podría preguntar a alguien sobre ese cierto cambio que tendría lugar la semana/mes siguiente y me responderían de una manera natural. Al no estar yo allí, no sé nada a no ser que me entere de refilón o porque una persona me escriba o llame para decirlo. En este segundo supuesto dependo de que ese compañero piense en mí y que decida voluntaria y altruistamente dedicar unos minutos de su día a mantenerme informada y esa proactividad es una de las diferencias del teletrabajo.

Quien tenga una personalidad de querer saber y contribuir deberá dejar a los demás a su aire y luchar en algún caso contra las ganas de llamar, controlar o volver.

Parece beneficioso que las tareas que se van haciendo sean públicas y en tiempo real de manera que cualquiera (encargados o colegas) puedan ver a qué andas. O que se genere un informe diario / semanal de lo que has hecho, written culture por la que abogan algunas empresas frente a formas menos duraderas como el chat.

Las emociones que surgen al trabajar a distancia

Lo que más ansiedad me provocó fue no saber qué esperaban, pensaban o sentían mis compañeros con respecto a mí, lo que les iba pidiendo o lo que ya no hacía.

Otra sensación común que noté fue la de montaña rusa. A veces estaba bien, contenta con avanzar, otras me enfadaba por dentro con el mundo porque estar en una torre no es exactamente haber paseado por el castillo.

Un aspecto negativo es cuando algo sale mal o se te clavan pequeñas espinitas, que se te queda como un eco más tiempo, porque estás sola y no hay conversaciones laborales aquí y allá para distender y que hagan que se te olvide.

No soy muy sociable, pero a pesar de la maja cena de despedida da un poquito de pena ver que te pierdes cosas. No vas a la comida de celebración, a la reunión ni a la actividad de teambuilding aunque ese pasatiempo sea de los que menos te interesan; y quizá no sepas qué ha pasado. Hay bromas o alusiones que no puedes descifrar. Tu escritorio sin usar puede que sea ocupado por alguien más. “¿Es mi puesto necesario?” te puedes llegar a preguntar.

Trabajar de más

El tiempo que trabajé desde casa de mi familia, ellos se daban cuenta de que estaba ocupada y no interrumpían casi nada. Tan enfrascada me sentía que un día no estaba segura de si alguien seguía en casa así que no fui a abrir aunque hubieran timbrado.

Para parar me servía cerrar el portátil a cierta hora y dejarlo en suspensión. Porque aunque te digas “bueno, después de merendar sigo”, en realidad al rato relativizas y te convences de que realmente puede esperar hasta el día siguiente. Y apagarlo del todo el viernes como estrategia me funcionó.

Creo que es complicado saber por qué una persona trabaja horas extra sin que se le pidan explícitamente. Puede ser una cuestión de desorganización personal o bien estructural de la empresa, quizá es inseguridad y síndrome del impostor, podría tratarse de una adicción al trabajo en ciernes. O un poquito de todo. Mira por tu salud y por la de quien ocupará tu puesto si te vas.

Trabajar de forma remota desde otro país

Los compañeros podían llamarme a través de aplicaciones personales que permiten llamadas IP (como Whatsapp), o sea que sin cargo más allá de la conexión a Internet, pero a los clientes y proveedores debía ofrecerles un número único al que llamarme estuviese donde estuviese así que decidí por un lado contratar un número de Skype del país de la empresa y por otro comprar algo de crédito que me permitiese llamar a cualquier país.

El número propio de Skype era muy parecido al de la oficina, solo variaba en dos números, lo que supongo que permitió a mis compañeros memorizarlo fácilmente y reconocerme al momento cuando yo llamaba. Una vez aprendí a descolgar correctamente, permitió que me pudiesen llamar sin coste adicional para los que estuviesen en ese país. Ahora bien, aunque tenía sus notificaciones priorizadas, con demasiada frecuencia mi teléfono móvil no procesaba las llamadas de Skype entrantes y acababan siendo llamadas perdidas, lo que debía de ser muy frustrante para la gente.

Para no tener que desplazarme con mucho equipaje dejé en la oficina una mochila con algo de ropa y los elementos más engorrosos de pasar a cabina de avión.

Aspectos oficiales al trabajar a distancia desde otro país

Hay varios conceptos que analizar cuando se cambia de un país a otro pero se mantiene el trabajo en el primero: cómo puede cambiar el régimen de trabajo, la residencia fiscal, la declaración de bienes, la cobertura sanitaria, las cuentas bancarias, el desempleo o la jubilación.

Icono de una maleta en la que hay una letra "i" de información

Os voy a exponer muy a grandes rasgos alguna información que encontré para mi caso (española que trabaja en país de la Unión Europea), pero quizá pueda ser útil extrapolar a vuestras situaciones y buscar equivalentes. Para más detalles un asesor acreditado os debería poder ayudar.

Tipos de contrato al trabajar a distancia

Si es la empresa quien encarga al empleado que vaya temporalmente (hasta 24 meses) a otro país de la UE a desarrollar ciertas tareas, se tratará de trabajador desplazado no sustituible (posted workers). Esta figura tiene ciertos derechos y en la práctica nada cambia en lo que se descuenta en la nómina; se sigue contribuyendo en el país de la empresa. Ahora bien, los trabajadores transfronterizos tienen sus propios acuerdos.

Por otro lado, puede dejar de haber una vinculación laboral y hacerse lo que en España se denomina autónomo (probablemente el subtipo TRADE). Sin embargo, para evitar cualquier componente fraudulento y no caer en trabajar de falso autónomo deberían cambiar otros elementos. Serás tú ahora quien ponga el equipo y material, marque tarifas, horarios u otras condiciones y reciba un trato diferente al personal en plantilla.

En tercer lugar, las opciones más complejas en cuanto a trámites parecen que la entidad constituya una empresa subordinada en ese territorio o que el trabajador abra su propio negocio para entablar un acuerdo B2B.

Dónde resides

Cuando alguien se traslada al extranjero, si es menos de un año se recomienda que se inscriba como no residente en el consulado correspondiente. Para estancias de más de un año, habría que apuntarse como residente, lo que implica dejar de estar empadronado y censado con fines electorales en la localidad española. El consulado protege, ayuda o tramita.

El lugar en el que se establece la residencia fiscal influirá en si/cómo/dónde/cuándo hacer la declaración de la renta. En general, el salario de cierto país tributa en ese país. En aquel Estado en el que se considere que uno tiene sus intereses vitales se declarará todo, la renta mundial, venga de donde venga.

Aquellas cantidades por las que ya se hayan pagado impuestos en otro lugar podrán procesarse de forma especial para evitar la doble imposición, de la manera que estipule el correspondiente tratato entre ambos territorios. Quizá en el país A tributaste el 20% de tu sueldo y al declararlo en país B podrían pedirte que tributes además el 3% si en ese lugar se suele pagar el 23% de impuestos.

En cuanto a asistencia sanitaria, en el caso de la Unión Europea hay una tarjeta sanitaria comunitaria para usar en caso de desplazamiento. Además, en el país de origen puede pedirse un certificado que acredite el derecho a la atención fuera del país donde se cotiza.

Dónde guardar el dinero

Se puede abrir cuenta bancaria en un país como residente o como no residente. Otro asunto es abrir una cuenta bancaria en un país con la divisa de otro Estado; por cuestión de cambio, comisiones y rapidez de ejecución, estas no suelen ser tan ventajosas como el tener una cuenta en el país de esa divisa.

Hay cuentas bancarias de “nuevos bancos” que pueden tener dinero en otras divisas, recibir dinero gratis y mandar/sacar de cajeros con comisión baja. Asignan una cuenta en cada país según la divisa; de este modo, si quieres tener dinero en euros, te asignan una cuenta de un país de la zona euro o si necesitas en libras, será una cuenta británica.

Creo que desde la Ley de blanqueo de capitales (2010), al abrir una cuenta bancaria en España se está pidiendo demostrar el domicilio y el origen de los ingresos regulares si se tienen. Tengamos en cuenta que Hacienda puede investigar transferencias bancarias de más de 3.000€ para averiguar si pueden justificarse debidamente. Ah, y la cantidad límite que se permite pasar por aduanas a la Unión Europea es de diez mil euros.

Los contribuyentes en España con más de cincuenta mil euros en rentas o bienes en el exterior (saldo último trimestre y a 31 de diciembre) deben declararlo en el primer trimetre del año siguiente.

Contabilizar el tiempo trabajado en otro país

Con respecto al paro, en general lo que se cotiza en el extranjero cuenta para ese país, pero no se puede exportar. No obstante, el tiempo cotizado en otro país (de la UE o con convenio bilateral) sí computa una vez “a efectos de totalización de períodos” para acceder al paro, prestación por incapacidad o jubilación.

En el caso de la prestación por desempleo, en España los requisitos cambian ligeramente cada pocos años, pero suele pedirse haber cotizado un determinado tiempo en los X años anteriores, que la última cotización se haya dado en España y estar en situación legal de desempleo. Lo trabajado en el extranjero computará para considerar el período de tiempo trabajado, pero nada más, el salario no se contará para esa cuantía.

En lo que respecta a la jubilación, por lo que yo entiendo, según el principle of aggregation of periods, hay que haber trabajado en total el mínimo de años que se requiere en ambos países. Se suma lo cotizado en los países que sea y ese total tiene que pasar del mínimo establecido en esos países. Por ejemplo, quien ha cotizado en país A, con mínimo de 12 años para jubilarse, y país B, con mínimo de 15 años, podrá solicitar pensión pública si el total de su vida laboral llega a 15 años.

¿Volvería a trabajar a distancia?

Trabajar desde casa me ha permitido darme cuenta de si mi trabajo me gusta y mi carrera va bien encaminada, identificar mis carencias como profesional o en qué puntos podría mejorar la empresa y también apreciar las ventajas de tener un espacio propio (personal o laboral).

Creo que es una experiencia que merece la pena, que hay que afrontar con flexibilidad y paciencia. Hay quien defiende que trabajar en remoto es una habilidad que se aprende y se enseña. Buena suerte.

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